Debemos destruir todo lo que hasta ahora hemos hecho y comenzar de nuevo con el alba. Así nos lo enseñó el Mago. Es difícil seguir su consejo, es difícil destruir todo y volver a comenzar. Es un principio falso, ahora lo sé. Eso es lo que deben hacer los verdaderos maestros, darnos principios para romperlos. Si no destruimos todo lo que hemos hecho hasta ahora, conservaremos sin más; debemos aprender. Ha llegado el alba y nuestra vida anterior ya no es más que cenizas, una vez más. La sagrada luz de la mañana se posa sobre nuestros cuerpos y el aire helado nos obliga a ser fuertes.
Han pasado muchos años ya, y yo no tengo más la fuerza que alguna vez tuve. Soy un muñeco de paja, soy desolación y desierto. ¿Cuántas cosas no he hecho de las que puedo arrepentirme? Las lecciones del Mago fueron vanas; ahora creo que el Mago era un hombre envidioso que nunca quizo compartir su poder con nosotros.
Estoy herido, aprieto los dientes para soportar el dolor. Es una herida en mi costado, lleva ya mucho tiempo de esta manera, creo que se ha infectado. La fiebre me hace delirar, no puedo dormir tranquilo. Ahora cierro los ojos y recuerdo los atardeceres de hace tanto tiempo, cuando el Mago nos preparaba para la noche untando aceites perfumados sobre nuestros cuerpos. Me doy cuenta de que la fuerza no es la de la juventud.
Lluvia y relámpagos. Frío y humedad. Fuego.
Amo la soledad de la piedra.
La hierba crece, el polvo se levanta.
Cantaré con la vista hacia el cielo,
soy un hombre de cantera.

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